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>La respuesta de Asambleas de Dios México a CCI y las Redes Apostólicas – Parte 2

julio 3, 2011

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LA ENSEÑANZA DE “LA JUSTICIA DE DIOS” EN PERSPECTIVA

Las diferencias fundamentales:

Presentamos las diferencias fundamentales sobre la Justicia de Dios, ofreciendo primero la postura de los exponentes de las Redes Apostólicas como la promueve Comunidad Cristiana Internacional, al mostrar sus puntos de vista y los pasajes bíblicos empleados en su argumentación. En la segunda sección, la postura nuestra, como la hemos creído en Las Asambleas de Dios, con los pasajes bíblicos que la sustentan.

 

1.             El concepto de Justicia de Dios.

Uno de los líderes de Redes Apostólicas que más escribe sobre el tema de la Justicia de Dios es Richard Hays.  Él dedica por lo menos tres de sus libros para hablar del tema, lo cual nos deja ver su insistencia en el mismo y su persistencia en los conceptos que vierte en ellos.  Esta intención reiterativa, nos permite ver con mayor claridad la postura de las Redes Apostólicas  sobre el tema

1.1.          Para  las Redes Apostólicas la Justicia es obedecer toda la ley, todo el tiempo, toda la vida, basados en el pasaje de Deuteronomio 6:25. Hays, en un primer libro dice: “Viendo este pasaje ¿Qué es necesario para tener justicia conforme la Biblia? Poner por obra todos los mandamientos, o en otras palabras, obedecer toda la ley de Dios, todo el tiempo, toda la vida.” (1) Y en un segundo libro, haciendo referencia al mismo pasaje bíblico dice: “Lo cual quiere decir que: Tú debes obedecer toda la ley de Dios, todo el tiempo de tu vida, eso es la justicia. Esto es lo que la Biblia o Dios llaman una persona justa, alguien que ha obedecido toda la ley, todo el tiempo.”. (2) Y en un tercer libro acuña el concepto categóricamente: “…Definición de Justicia: Justicia es obedecer toda la ley, todo el tiempo, toda la vida.”. (3)  Este pasaje es usado para indicar que si se guardan todos los mandamientos se tendrá el “estilo de vida de bendición”. Aunque por el contexto el pasaje se refiere a que si se guardan todos los estatutos se tendrá la justicia: la rectitud  de Dios, la conducta en armonía con el corazón de Dios.

1.1.1.             El enfoque de la justicia de Dios, bajo esta perspectiva, se limita sólo al aspecto legal del  pecado, de cumplir los estatutos de Dios y no al carácter de Dios en el creyente. Sólo a una inocencia imputada y no a una rectitud impartida por la vivencia del amor de Cristo derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Ro. 5:8).

1.1.2.             No se establece diferencia entre la Justificación por la fe y la justicia de  Dios.
1.1.3.             Se considera que la Palabra de Justicia es la enseñanza central, más valiosa del evangelio, haciendo referencia a Hebreos 5:12, 13, “Al llegar a la frase alimento sólido el Espíritu Santo me preguntó: ¿Cuál es el alimento sólido? Entonces, yo me emocioné porque me di cuenta, que Dios quería enseñarme, cuál es la doctrina más profunda de la Biblia”(4), en los otros dos libros también se le llama “Alimento Sólido” (5) (6) y todas sus enseñanzas, por lo menos en estos tres libros, se desprenden o se derivan de esta perspectiva.

1.1.4.             No se da lugar al crecimiento del cristiano, al desarrollo, a la madurez. (7) Todo se recibe en un solo acto, al recibir “el manto de justicia” usando el ejemplo de Elías y Eliseo en 2 Reyes 2: 1-14.

1.1.5.             Se establece un triple sinónimo: “Obediente=Justo=Perfecto” (8) (9) (10)

1.2.          Nosotros creemos que es necesario establecer la diferencia entre la Justificación por la fe y la justicia de Dios. La justificación por la fe es el acto en el cual somos declarados inocentes, justos por haber depositado nuestra confianza en el sacrificio de Jesús hecho por nuestros pecados. Y la justicia de Dios es la expresión de la vida de Jesús y su carácter en nosotros.

1.2.1.             La justificación por la fe  es recibir gratuitamente el perdón del cien por ciento de pecados; sin las obras de la ley, sin los méritos y esfuerzos personales; pasando del banquillo de los acusados  a una posición de inocentes, como si nunca hubiésemos pecado (Ro. 3:24-26) (dikaiosin).

1.2.2.             La justicia de Dios en el creyente es la expresión de la vida de Dios en el que ha sido justificado por la fe, es el ejercicio de la  nueva naturaleza, el Espíritu de Cristo, la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús (Ro. 3:21,23,26; Ro. 8:2) que nos libra de la ley de pecado y de la muerte (dikaiosune).

1.2.3.                    La justicia de Dios es la forma como Dios ha querido que vivan sus hijos  desde el mero principio, llevados a la imagen de Cristo. Es el corazón de Cristo en nosotros (Ro. 8:28, Gá. 4:19).

1.2.4.                    Consideramos  que es necesario creer, aceptar y asumir que el viejo hombre ha sido crucificado juntamente con Cristo.  Esto significa que toda nuestra maldad pasada, presente y futura ha sido ya pagada en la cruz. Pero el hecho de que ha sido pagada la deuda no elimina la necesidad del arrepentimiento cada vez que se ofende a Dios. De esta manera, el entendimiento del amor de Dios nos lleva al arrepentimiento para obtener el perdón y a ceder a Cristo el control de nuestra voluntad para sujetar nuestros deseos. Por tanto, somos libres del poder del pecado sobre nuestra vida, somos libres del poder de la carne. Hemos muerto al pecado, y nuestra obediencia ahora es por la fe, para que la justicia de Dios se manifieste en nuestras vidas y el gozo y amor de Cristo se cumplan en nosotros (Ro. 6: 6,7,16, 18, 22).

1.2.5.             Consideramos que la santificación es una expresión real de la justicia de Dios en nosotros, como resultado del ejercicio de la nueva vida que hay en nosotros. Sabemos que ya hemos sido lavados, ya hemos sido santificados, ya hemos sido justificados, en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Co. 6:11). Pero es necesario que se evidencíe como fruto el cambio operado en nosotros, que se ponga en marcha la justicia de Dios que hay en nosotros; que  la nueva semilla que hay en nosotros por justificación, dé fruto por la fe.

2.             La liberación de la naturaleza pecadora.

2.1.          Esta expresión de las Redes Apostólicas sostiene en sus diferentes libros que“no nos es de mucha ayuda estar perdonados de nuestros pecados si no podemos quitar lo que produce el pecado”. (11)    

2.1.1.             Se argumenta que como hemos sido crucificados con Cristo (Gá. 2:20), por la fe, ya no tenemos vieja naturaleza de pecado. El viejo hombre fue crucificado con Cristo. (Ro. 6:6).  “¿Cómo quitamos la carnalidad? La Biblia dice que está muerta, yo reconozco que la carne está muerta, si lo reconozco lo puedo recibir.” (12)

2.1.2.             Se concluye, por tanto la libertad sobre el pecado se obtiene por fe, y no por esfuerzo, creyendo lo que Dios ha dicho y poniendo la fe en lo que Él ha dicho.
2.2.          Nosotros creemos que tenemos una nueva naturaleza impartida cuando    nacimos de nuevo, cuando fuimos regenerados que nos permite renunciar al pecado y mantener el control sobre el uso de nuestros deseos.

2.2.1.             Se requiere la decisión personal de morir con Cristo y resucitar con Él  (Ro. 6:5).

2.2.2.             Se requiere renunciar al pecado una vez que nos hemos arrepentido y recibido la justificación por la fe (Ro. 6:12).

2.2.3.             Se requiere presentar nuestros miembros a la justicia de Dios para que por la obediencia la justicia imputada sea ahora una justicia impartida y manifestada  en fruto para Dios  (Ro. 6:16,22; 7:4)(continúa en la 4ta. parte del mismo número).

3.             La forma como se imparte la Justicia de Dios en el creyente.

3.1.          En los escritos de las Redes Apostólicas se  asume y proclama que la justicia se obtiene como un manto de justicia sobre el creyente, como el manto de Elías sobre Eliseo (2 R. 2: 1-14). Esta es la herejía central de esta postura y la más atractiva.  Hays dice que hubo una conversación en el cielo más o menos así: “Padre yo he obedecido totalmente, y ahora tengo Justicia soy perfecto.” “Ahora yo quiero tomar esa justicia que está sobre mí, esta obediencia que está sobre mí, esta perfección que está sobre mí y regalarla a ellos.”. (13)  Y en otro de sus libros argumenta: “Cristo ha dejado su manto con nosotros. ¿Hará el manto por mí lo mismo que hizo por Jesucristo? Sí.  “Como creyentes tenemos el manto de justicia de Cristo.  Su obediencia total es nuestra.” (14)

3.1.1.             La postura establece que la justicia de Dios es un regalo, Jesús nos regala su obediencia, Cristo obedeció por nosotros, “Ahora no es necesario que yo obedezca para que Él  me acepte, ¿Por qué? Porque Cristo obedeció en mi lugar.” (15), según Romanos 5:19. Pero, de una vez aclaramos que Jesús no nos regala su obediencia a la Ley; nos regala su sacrificio, el perdón de pecados por medio de su sacrificio. La obediencia a la que se refiere el pasaje citado no es la vida de obediencia a la Ley, sino a un solo acto de obediencia que lo llevó a la Cruz. Un solo acto de rectitud de Jesús trajo la justificación de vida (Ro. 5:18). De otra manera la justificación ya no sería por la fe en su sacrificio, sino por las obras de la Ley de Jesús, que sería la supererogación de las obras de Jesús, lo cual haría innecesaria su muerte.

3.1.2.             La postura sostiene que Jesús ha obedecido para que  yo obtenga la justicia de Dios. “¿Quién es más justo, Jesús o nosotros? Igual, porque la misma justicia nos la regala a nosotros” (16), basados en 2 Corintios 5:21. Aquí atajamos, que el pasaje no dice que la obediencia de Cristo es imputada al creyente, no usa la palabra “logizomai”, que se usa 8 veces en la carta para decir “le es tomada en cuenta”. El Pasaje habla de aquella justicia que le es contada al creyente por la fe en Cristo.

3.1.3.       El otro argumento es que Jesús vino a cumplir con toda la Ley para que yo tuviera su justicia, (17) (18) apoyados en Mateo 5:17-20. Sin embargo el pasaje no se refiere a la obediencia meticulosa de la Ley, “…no he venido a abrogar la ley o los profetas”, sino a que los escritos del Antiguo Testamento, las promesas del reino de los cielos, se cumplirían en Él.

3.2.          Nosotros creemos que Cristo nos justifica gratuitamente y que su obra en la                       cruz para el perdón de los pecados es un regalo.  La vida eterna es una dádiva de su gracia  (Ro. 3:24; 6:23).

3.2.1.             El perdón de pecados es un regalo, pero tengo que responder a la oferta de Dios en arrepentimiento hacia Él y en fe en nuestro Señor Jesucristo (Hch. 20:20, 21).


3.2.2.             La obediencia de Jesús no nos libra de obedecer la ley, sino que Cristo vino a cumplir las promesas del Antiguo Testamento para que nosotros en la nueva naturaleza impartida vayamos más allá de la ley (Mt. 5:20).

3.2.3.             La justicia de Dios en nosotros es el camino a ser perfectos como Él, a hacer como Él hizo en la cruz, a pagar bien por mal, a amar a sus enemigos.  Esto nos lleva a desarrollar lo que Él ha depositado en nosotros (Mt. 5: 44-48; He. 5: 7-9), y a ser más como Él. La obediencia nuestra por la fe desarrolla en nosotros la vida de verdadero poder.

4.             El propósito de la Justicia de Dios en el creyente.

4.1.          Esta postura de las Redes Apostólicas se brinca de la justicia de Dios obtenida por el regalo de la obediencia total de Jesús a la obtención de un  estilo de vida de bendición prometido a Israel en Deuteronomio 28. (19) (20) (21)


4.1.1.             Como se requiere la obediencia total, y no parcial para  obtener las bendiciones de Dt. 28, se asume  que con el regalo que Jesús nos ha hecho de su obediencia total podemos reclamar dichas bendiciones de prosperidad, riqueza, salud y cielos abiertos, aunque nuestra obediencia no sea la demandada por la Palabra de Dios. 

4.1.2.             Este es un punto muy seductor y principal en la exposición de sus enseñanzas, porque todo hombre salvo o en pecado anhela un estilo de vida de bendición. Es un sistema antropocéntrico al ser la  búsqueda de la justicia de Dios para recibir y no para dar.

4.1.3.        La declaración de que los problemas que se tienen en la vida, tales como la enfermedad, la pobreza, la amargura, etc., son los enemigos de Dios, a los cuales Él pondrá por estrado de los pies de Cristo es muy llamativa y atractiva. 

4.2.          Creemos que la búsqueda de la justicia de Dios es prioritaria a las añadiduras (Mt. 6.33).
 4.2.1.             Pablo en Romanos nunca deja ver que el propósito de la justicia de Dios sea la riqueza o la ausencia de enfermedad, sino el corazón de Cristo en nosotros y el vivir para los propósitos de Dios, aún en condiciones desfavorables  ( Ro. 6:18;2 Co. 4: 6-11).
4.2.2.             La justicia de Dios tiene como propósito exaltar a Cristo, y no al hombre (1 Co. 4: 1, 2).
4.2.3.             Jesús y los apóstoles advierten sobre la posibilidad de tener una vida ensimismada y al servicio de las riquezas (Mt. 6: 24).
4.2.4.             Creemos que Dios es más generoso de lo que nosotros entendemos y que si vivimos enteramente para sus propósitos Él suplirá más abundantemente lo que necesitamos. Los bienes materiales tienen propósito cuando vivimos la justicia de Dios: para suplir nuestras necesidades y ayudar al que tiene necesidad (Ef, 4: 28; Hch. 20: 33-35).
4.2.5.             Un día, la justicia de Dios se manifestará plenamente en nosotros y seremos mudados en otro cuerpo glorificado como el de Cristo. Entre tanto, Dios puede usar la persecución, el hambre, la escasez, aun la enfermedad y la muerte para lograr sus propósitos (Ro. 8:17,18).

5.             La ausencia de la necesidad de crecer y madurar a la imagen de Cristo

5.1.          El ponente de las Redes Apostólicas asume que ya somos como Cristo: igual de Justos, igual de perfectos, igual de santos.

5.2.          Creemos que en Cristo hemos recibido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. Pero a esa fe necesitamos añadir, poniendo toda diligencia, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor (2 P 1: 3.8).

.2.1.             Hebreos dice que la palabra de justicia la entienden y la reciben los que tienen ejercitados los sentidos por el uso, es decir, por la obediencia. (He. 5: 13, 14;  6: 11, 12).

5.2.2.             Hebreos dice que Cristo aunque Hijo, por lo que padeció aprendió  la obediencia y por ella fue perfeccionado para ser el autor de eterna salvación.

5.2.3.             Pablo dice a los Romanos que como hemos recibido la gracia en Cristo Jesús ahora nos queda a nosotros ofrecer nuestro cuerpo en sacrificio  vivo, santo, agradable a Dios. Y que no nos hagamos a las estructuras de este mundo, sino que por la renovación de nuestro entendimiento seamos trasformados para que comprobemos cada vez más el amor de Dios para con nosotros (Ro. 12: 1, 2).

5.2.4.             Pablo dice a los Filipenses que prosigue al blanco del supremo llamamiento en Cristo Jesús y que todo lo tiene por basura con tal de ser hallado en Él no teniendo su propia justicia, sino la que es de Dios por la fe. (Fil. 3: 7-14).

CONCLUSIÓN

La enseñanza de la justicia de Dios por las Redes Apostólicas, expresada en los libros de Richard Hays, convierte a las Escrituras por el camino de la acomodación, en una sierva de su pensamiento. Con la insistencia sobre el regalo de la obediencia total de Cristo para un estilo de vida de bendición, nos hace recordar las palabras de H. R. Niebuhr, “Un Dios sin cólera conduciendo hombres sin pecado hacia un reino sin juicio por la mediación de un Cristo sin cruz”, al referirse a un seudo evangelio. (23)

Este tratamiento de la justicia de Dios por las Redes Apostólicas seduce al cristiano a buscar un estilo de vida de bendición, sin ejercitarlo en el desarrollo del amor de Cristo, y por tanto lo hace vulnerable al pecado y la soberbia espiritual. 

Elaboró:

Humberto Corral García

(1)     Richard Hays, La respuesta de todo: Doctrinas de Cristo (Monterrey, N.L., Comunidad Cristiana Internacional, A.R., 1997), P. 65.

(2)     Richard Hays, Alimento Sólido (Monterrey, N.L., Comunidad Cristiana Internacional, A.R., 2002), P. 9, 10.

(3)     Richard Hays, La Justicia de Dios: Manual (Monterrey, N.L., Comunidad Cristiana Internacional, A.R., 2002), P. 10.

(4)     Hays, La respuesta de todo, P. 64.

(5)     Hays, Alimento Sólido, PP. 7, 8.

(6)     Hays, La Justicia de Dios, PP. 9, 10.

(7)     Hays, Alimento Sólido, P. 5.

(8)     Ibid., P. 12.

(9)     Hays, La respuesta de todo, P. 68.

(10)   Hays, La Justicia de Dios, P. 11.

(11)   Hays, La respuesta de todo, P. 52.

(12)   Ibid., P. 59.

(13)   Hays, La justicia de Dios, P. 17.

(14)   Hays, La respuesta de todo, P. 81

(15)   Ibid., P. 83.

(16)   Ibid., P. 79

(17)   Hays, La justicia de Dios, P. 14.

(18)   Hays, La respuesta de todo, P. 52

(19)   Hays, La respuesta de todo, PP. 69, 70, 71.

(20)   Hays, Alimento Sólido, PP. 15, 16, 17.

(21)   Hays, La Justicia de Dios, PP. 12, 13.

(22)   Ibid., P. 88.

(23) Cit. Por José M. Martínez, Hermenéutica Bíblica, Ed. Clie, 1984, P. 86




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